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Parte 5: Las consortes

  

I

Acontecía un mes desde que acecharon al monárquico magnate señor Uzumaki, los conspiradores cuyos nombres fueron borrados fueron eliminados y de nuevo su vida y legado seguían intactos. La vida sexual con su esposa había renacido con un nuevo sabor. Las noches que Naruto regresaba a casa brindaba pasión a su mujer creyendo que se había quedado insatisfecho con su amante para conseguir con ella la total satisfacción sexual que necesitaba.

Pero era cosa de dos a tres veces por semana. El resto de las noches, su esposa creía que seguía creyendo que se quedaba hasta tarde trabajando como debía en su alto puesto. Con pruebas falsas y todo. En realidad cambiaba a Sarada-san con cualquier otra de su harem en espera para gozar hasta el amanecer, llegar a casa tres horas antes de volver a levantarse, arreglarse y volver a su oficina.

Así era su rutina. Fue en aquellos días que ocurría la primera gran tragedia de Konoha industries contó para mi Sarada-san. Lo que es natural, todo lo que sale bien siempre viene acompañado de algo malo que se avecina.

La guerra de las industries y el marketing había comenzado en el tiempo que Naruto Uzumaki se reconcilió sin embargo los dos gigantes rivales Abstergo industries y la corporación Umbrella estaban ganando terreno por todo el mundo, en norte América y Latino América , por toda Europa, Gran parte de Rusia y China también. Asia central estaba dominada Konoha industries, Centro América, la mitad sur de México y Perú. No se preocupaban por la influencia de este tercer rival lo cual le beneficiaba.

―Hubo un tiempo en el que los imperios se creaban usando armas, ahora se crean usando influyendo en los mercados internacionales ―decía el señor Uzumaki durante una entrevista transmitida en la televisión―. Si una nación quiere influir en otras no necesita crear armas de destrucción masiva solamente, sino vendiendo productos de calidad y servicios del mismo nivel para influir en las personas.  

―Sin embargo, las empresas no deben olvidar que son los gobiernos las que mandan, no las empresas. Por eso Konoha industries esta a servicio de las necesidades económicas de japón ―refutaba sentada en un sillón aparte junto a él, la primera ministra Kurotsuchi. Con un porte más serio visto en su postura contradecía muchas de las declaraciones hechas por Naruto en la entrevista―. Los japoneses sirven para las necesidades de japón.

―Soy mitad japones, mitad extranjero ―dijo, notándose que torcía los labios ante el comentario de Kurotsuchi―.  Hay quienes dejaron atrás su tierra natal por una vida mejor.

Una entrevista que se volvió un debate sobre economía e inmigración en japón que fue polémica. Decía ser transmitida en vivo cuando en realidad fue grabada y puesta aire unas cuantas horas después pues la alta polémica que generaron… la televisorá tuvo más alto rango de visualización aquel año. No obstante mientras la gente se enfocaba en ver el debate, el señor Uzumaki tenía un agradable reconciliación con Kurotsuchi.

La televisión sonaba con sus voces en plena discusión, uno trataba de caer en las provocaciones del otro y perder la compostura en pantalla. Cuando en la habitación del hotel Bushido, Naruto estaba terminando dentro de Kurotsuchi. 

―Eso es querido, vamos dámelo todo ―gemía, tenía lugar encima del rubio, con sus brazos extendidos hacia atrás sosteniéndose ella de las piernas de su amante cuando era Kurotsuchi la que se estaba moviendo―. Aquí viene, vamos solo un poco más… ya casi… ¡Carajo, si! ¡Esto es lo que quiero!

―¡Oh si, claro que si! ―grito, había liberado un orgasmo también el señor Uzumaki―. Ven aquí perra, que aun no termino contigo.

Poco más y estaban terminado, el debate seguía trasmitiéndose “en vivo” tornándose más picante con cada segundo y nadie más que unos cuantos en el hotel sabían la verdad. Cada uno estaba tomando sus ropas conteniendo la risa mientras prestaban poca atención a su pelea vista en televisión.

―Miranos, tú tratando de menospreciarme a televisión nacional, sabes que eso solo aumentará a mi imagen y mis ganancias ―se acerco a Kurotsuchi sentada al borde de la cama, sus brazos pasaron por debajo de sus pechos para así abrazarla con rigor, logrando que resaltarán aunque él no podía ver esta magnificencia.

―Te hice un favor. Me gane mi merecida recompensa~ ―exclamo, había puesto su mano en la mejilla del rubio cuando él puso su rostro sobre su hombro izquierdo.

―Sigue esforzándote como ahora, que te daré mas y mejores recompensas.

―Parece que algo bueno te paso, eso dice tu cara. ¿Estás feliz de ponerme en tu corral con tus demás perras?

―Solo diré que todo esta saliendo como me gusta. Sigue cumpliendo con tu parte, primera ministra.

―Claro que si, Naruto-sama.~

II

Termino el encuentro con Kurotsuchi y el debate acalorado termino de transmitirse, cada uno salió del hotel en rumbos distintos haciendo creer que salieron del estudio de televisión.  Una pequeña caravana de autos escoltaba la lemosina del señor Uzumaki acompañado de cuatro de sus mujeres, que no eran su esposa.

―Parece que su popularidad esta subiendo, Naruto-sama y a nivel internacional ―dijo la morena de cabello plateado sentado a su izquierda.

―Dejame ver esa grafica, Mabui.

Le entrego la tableta que tenia en manos, una grafica de porcentajes sobre el apoyo de la gente a su persona obtenido de diversas fuentes de internet, redes sociales que se rastrear sin la preocupación de la gente. Así mismo la gente tenía un opinión favorable de la primera ministra, gente de su propio país y mujeres de diversas partes del mundo apoyaban su causa conservadora aunque también estaban de acuerdo con el monopolio capitalista de Naruto.

―¿Le parece divertido, Naruto-sama?

―¿Porque no habría de reírme? ―devolvió a Mabui el aparato―. Esto es lo que siempre quise. 

―¿Que la gente lo aceptará? 

―Y ganar, solamente ganar, Mabui. ¿Que más sigue en mi horario, Sarada-chan?

Sentada a su otro lado, su joven asistente tomo su propio dispositivo electrónico e informo.

―Tiene su tiempo libre hasta las cuatro de la tarde, Naruto-sama. A esa hora quedo de reunirse con la señorita Mei para… tratar sobre asuntos privados ―dijo en forma sugestiva antes de apagar la pantalla.

―Tengo libre hasta las cuatro y apenas es más de medio día ¿Me pregunto como debería pasarlo? ―puso sus brazos por encima del respaldo de los asientos y los estiro para llegar a los hombros de Mabui y su querida asistente, los bajos más hasta llegar a sus pechos donde ella dejaron que les agarrará el cuerpo con toda libertad―. ¿Que me dicen ustedes dos: Konan, Samui? 

―Si usted insiste.~

―Debo verificar periódicamente que el cuerpo Naruto-san este en buen estado.

El convoy se componía de cinco autos, en medio la limosina del señor Uzumaki con sus acompañantes y su chofer, dos autos por delante como dos más atrás con guardias de seguridad de su propia elite listos para la acción. Más ese día sería cuando pondrían a prueba su efectividad.

Llegaron a una luz roja en plena avenida, el transito fluido de manera densa pero sin retrasos. Esperaron a que la luz cambiaran a verde y el líder de la escolta atravesaba el cruce cuando el ataque empezó.

Sin previó aviso, un camión de transporte publico impacto del costado izquierdo al vehículo insignia del convoy. El auto apenas si se deformo pero la fuerza de movimiento del camión logro hacerlo rodar cuando la unidad se detuvo y bloqueo el avance del resto de la caravana.

―¡¿Que está pasando?! ―grito Samui. 

Primero fue el sonido del impacto, luego el brusco frenado de todos los autos del grupo y en ese segundo de confusión con silencio de unas ventanas tapizadas con periódicos dos ventanas se abrieron lado a lado del ultimo vehículo de guardias que iban al frente. Dos enmascarados rojos aparecieron por estas ventanas con ametralladoras MG3 que abrieron fuego intenso contra este vehículo delante suyo.

―¡Nos disparan! ―grito Sarada-san ante el aterrador escenario.

―¡Emboscada! ―grito Samui.

De una cobertura bajo el asiento, la rubia a cargo del cuerpo de seguridad revelo dos pistolas tipo viper escondidas, uno para ella y el otro para Konan quien no dudo en tomarlas. Así mismo, Samui se blindaba con un chaleco especial para estos momentos sorpresivos.

Los guardias del grupo trasero bajaron de sus vehículos y con armas automáticas se desplegaron como unidad, más no llegaron lejos detrás de ellos en dos autos particulares más bajaron un total de ocho atacantes más, que distrajeron a los guardias del segundo grupo en un fuego cruzado.

Estos tipos, en palabras de Sarada-san y confirmadas por noticieros como por testigos atrapados en el fuego cruzado; venían vestidos de traje gris, con corbatas negras al igual que los guantes que usaban para sostener sus armas rusas clásicas AK-47. Pero lo más llamativo de ellos es que para cubrir sus rostros estaban usando máscaras de demonios en un llamativo color rojo. 

Balas perdidas de las ametralladoras MG3 impactaban el auto, esperaban que el blindaje del auto resistiera pero ante las interminables rondas por minuto estaban abollando la coraza reforzada del auto. El chofer fue abatido luego de que el vidrio blindado fuera roto por este poder de fuego abrumador. 

―Hay que sacarlo de aquí ―indico Konan. 

―Vengan, no las voy a dejar ―hablaba de sus dos asistentes en el auto.

Tomo primero a Sarada y a Mabui para tenerlas bajos sus brazos, antes de salir Samui fue la primera en poner un pie afuera,con la puerta se cubría y respondía los disparos de los ametralladoras montadas en el camión. Atacando también a los asaltantes que venían desde atrás. Sus guardias fueron tomados por sorpresa y se veían acorralados. Hasta que Samui con tres balas abatió al primero de los criminales que intentaban acercarse por detrás como logrando herir a uno de los artilleros en el camión.

―Vamos, sacalos de aquí. Nosotros nos encargaremos ―dijo Samui a Konan.

―Lo pondré a salvo, a ustedes dos también. ¡Corran! 

Los saco de la avenida y los asaltantes apuntaron sus armas, logrando disparar algunas cuantas veces antes de ser repelidos por las fuerzas armas privadas de Konoha. Al menos de los ocho atacantes, cinco cayeron mientras que otros tres lograron salir corriendo detrás de Naruto Uzumaki con sus acompañantes. Mientras que del camión el ultimo artillero intento abrir fuego hacia el magnate haciendo sus balas impactaran contra las paredes de negocios y terceros en sus autos. 

Samui aprovecho la oportunidad para salir de su escondite y con su pistola apunto al artillero ejecutando varios disparos, pero con ninguno le dio. Aquel asaltante dejo apuntar a Naruto para enfocarse en la rubia jefa de seguridad obligandola a buscar cobertura. Dos guardias de la unidad de enfrente aprovecharon para salir del ataúd donde sus dos compañeros más cayeron, al ver a su líder siendo blanco enemigo, apuntaron los dos para así acabar con el artillero. 

―Eso es, buen trabajo ―halago su desempeño pero por hacerlo, uno de ellos cayó muerto, el estruendo de un rifle francotirador atravesó el cuello del más joven de los dos, donde sus uniformes blindados no tenían protección―. ¡Cúbrete!

Un segundo disparo hacia ella y busco cobertura. Detrás del mismo auto. Trato de asomarse por las ventanas del vehículo civil pero solo lograba ver a los mismos de adentro puestos a cubierta en su mismo auto.

―Tirador ¿Desde donde?

―El conductor del autobús ―escucho eso y miró, eran otros dos de los guardias que venían en el convoy de la parte trasera. Llegaron a cubiertos a un auto de distancia de su jefa―. ¿Como acabamos con él?

No tuvo que pensar mucho. Solo mirar el arma de aquel soldado suyo.

―¿Anko? ―no la reconoció por un momento, por el uniforme nuevo que usaba―. El lanza granadas de tu arma ¿Esta cargada? 

―Si.

―Haremos, tu compañeros y yo atraeremos su atención. Entonces disparas.

―De acuerdo ―dijo Anko, tras dudarlo un segundo.

Actuaron de inmediato. Samui fue la primera en salir de su cobertura y después el segundo guardia que iba detrás de ella. Disparaban hacia el lado del conductor, sobre todo la ventana abierta, pero ninguno de dio. Se asomo con su rifle para apuntar y dispararles fue en ese momento que el guardia restante salió, sin ser visto por el francotirador disparo el cartucho explosivo que hizo estallar la parte frontal del autobús.

Para ellos todo parecía aliviado, sin embargo el ataque aun no terminaba.

―¿Samui? 

―La policía no tardará en venir. Ni los cuerpos de emergencia, ustedes dos conmigo el resto atienda a nuestros heridos ―indico Samui. 

Dejo atrás al resto, escuchándose como venían las autoridades a la escena del crimen mientras ella llevaba consigo a esos dos guardias que le ayudaron con acabar al tirador, tenían que alcanzar a Konan y sobre todo a Naruto Uzumaki.

III

La gente a los alrededores comenzó a correr en cuantos los disparos de armas pesadas se hicieron sonar y pronto como el tiroteo se agraviaba más. Con tres sicarios pisándole los talones en toda una multitud asustada huyendo de la zona buscando donde refugiarse, Konan solo podía empujarles y recordar les que no se detuvieran, entre tantas personas, podía herir a cualquier otro civil con la pistola o con sus cuchillos arrojadizos, lo que le traería problemas. 

―¡Vamos, no está lejos! ―escucho gritar a uno de los enmascarados demonios que con armas en mano no paraban de seguirlos.

―¡Hay que ocultarnos! 

Noto algo en las palabras de los asaltantes, pronto pasarían junto a un negocio con la puerta abierta donde algunas personas trataban de esconderse ante el pánico, fue aquí donde Konan empujaría a Sarada y a Mabui de una sola mano cayendo dentro lo que resultaría ser una tienda de ropa pero eso no fue lo más llamativo. Sino que al caer aquí los tres demonios siguieron corriendo detrás de Naruto y su guarda espaldas. Eso notó la joven asistente una vez se asomó para ver como se alejaban persiguiendo a su presa.

―Naru…

―¡Espera! ―Mabui la llevo adentro―. ¡No lo hagas!

―Pero ellos.

―Lo se, quieren lastimarlo, pero si nos ven nos lastimaran a nosotras y eso le molestará mucho a él ―logro sonreír a pesar de la situación. Lo que dejo perturbada a la joven Uchiha, esto no era un sueño era la maldita realidad.

Seguían escapando de estos bandidos, al ver a Naruto en su mirá no dudaron en disparar aunque hubieran más civiles en estos nuevos alrededores. Al escuchar los estruendos se dispersaron lo que aprovecho Konan para usar la pistola que le dio Samui y disparar solo una vez para dar en el blanco. Una bala a la cabeza y este tipo estaba muerto, el primero de los tres.

―¡Vamos, no se detenga! ―dijo a Naruto, Konan.

―¡Dejalo tirado, vamos se esta escapando! ―grito el líder de estos asesinos una vez cayó el primero por una bala en la cabeza.

Pronto llegaron a una estación del metro, apenas bajaron por las escaleras una ronda de disparos por encima de sus cabezas sonó y asusto a todo el mundo, pero ellos no se detuvieron. La gente huía de las instalaciones y no sabían por donde ir, ellos tampoco.

―Aguarde ―Konan lo detuvo―. Entre al tren. 

―¿Que hay de ti? No te voy a dejar.

―No intente ser un caballero en este momento ―corrigió―. El tren no partirá. Miíelo, esta vació. De seguro activaron su protocolo de seguridad por los disparos. Entre y busque esconderse, que no lo vean. Yo me encargó de esos dos.

Los dos sicarios entraron al metro atravesando un mar de personas aterrorizadas que buscaban salir por las escaleras, les opacaban la vista y también les impedían ver que había a mas de un metro por delante suyo. Un guardia de seguridad intento detenerlos cuando estos dos pisaron el anden, un revolver contra una AK-47. ¿Debo decir que el guardia fue abatido? Cinco balas, tres sobre su chaleco de la policía mientras que las dos restantes dieron los disparos mortales en su cuello y su rostro.

Naruto entró en el vagón para arrojarse al piso, apenas levantándose para mirar por la ventana, pero se asomo demasiado. Podía observar a Konan escondida detrás de una de las columnas del plafón, con un cuchillo en sus manos lista para atacar y en la otra mano la pistola que le dio Samui. 

―¿Donde se fue?

―¡Allí está! ―grito el demonio rojo líder.

Nunca la vieron, ni él supo que paso exactamente lo que paso. Pues contó a su asistente que solo vio como los dos asesinos pasaron junto a Konan más no la vieron, fue allí donde su guardaespaldas tomo al primero por la espalda, lo redujo a una mortal serie de apuñaladas, cinco o seis. Para cuando el segundo sicario miró a su compañero, Konan la brindo varios golpes con la rodilla luego de quitarle su arma de fuego cortando sus brazos sin arrancárselos de paso. Tras reducirlo, lo abatió de un solo tiro. 

Parecía que todo termino. ¿Verdad?

Afuera de al estación, tocando el claxon para esquivar a la gente que seguía evacuando un auto civil aparco bruscamente exactamente frente a las escaleras, tapando el paso de los que aun quedaban por salir. Cuatro demonios más salieron. Salvo que uno de ellos tenía una mascará blanca. 

―¡Vamos, esta abajo! No se escapará de mi con vida. 

Ellos entraban y Konan despreocupada camino hasta entrar al vagón. Donde Naruto se levanto aliviado, todo había terminado. 

―¿Estás bien? 

―Eso es lo que yo debo preguntarle a usted, señor Uzumaki ―dijo Konan―. Espero que no se haya hecho en los pantalones.

―Lo único que tengo en los pantalones es la erección que me provocaste al verte en acción, querida.

Allí donde nadie quedaba mas que unos cuantos muertos y el vagón vació, decidieron cerrar el encuentro con broche de oro con un beso atrevido. El rubio la tomo de su cintura y su guardaespaldas se agarraba de él con los brazos alrededor de su cuello. Un beso largo, tan profundo que los hizo ignorar todo a su alrededor. Ignorando que este ultimo grupo de asesinos llegaba hasta el anden.

―¡UZUMAKI NARUTO! 

Salieron de su trance amoroso, aun sin soltarse miraron confundidos como con susto al ver a cuatro más de estos. Sin embargo lo que asustaría más a Naruto sería ver el rostro debajo de la máscara del demonio blanco. El tipo se la quito y revelo su identidad, sudor frió le recorrió y el bulto en su pantalón que se formo por Konan se enfrió brutalmente. 

―¿Momoshiki? ―estaba distinto a la ultima vez que lo vio. Su cabello de largo y blanco a verse gris y corto, tipo casquillo. El lado superior izquierdo de su cara quemado y el iris blanco de su rostro que asemejaba a los de su esposa Hinata, ahora estaba totalmente blanco.

―¿Creíste que te habías desecho de mi? ¡Eres hombre muerto, Uzumaki!

Levantaron sus armas y abrieron fuego. Dispararon hasta vaciar sus cargadores, o eso parecía. ¡Cúbrase! Grito Konan tirándolo al suelo con ella encima suyo para protegerlo.

―¡Muere maldito! ―gritaba Momoshiki mientras las balas aun seguían volando por encima.

De pronto la lluvia de balas fue interceptada por una marea opuesta que venía desde atrás. Samui llego, con Anko y el segundo guardia consigo. Habían dado disparos de advertencia.

―¡Suelten sus armas! ―grito Samui apuntando.

Una orden de Momoshiki vino: ¡Matadlos también! Los disparos volvían a volar y esta vez dejaron una dura huella en el anden de trenes, las balas impactaban en las paredes y la sangre pronto se derramo. Dos sicarios cayeron luego de los primeros segundos, no sin antes uno de ellos lograr darle a Samui en el brazo, obligandola a buscar cobertura.

Anko la ayudo a cubrirse mientras el segundo guardia se iba en el camino opuesto luego de recibir varios impactos sobre su chaleco. 

―¡Ve! ―dijo Momoshiki al ultimo que le quedaba―. ¡Mierda!

Había olvidado al otro soldado y fue por Samui, cuando se les apareció el guardia salió para abatir a este ultimo antes de que disparase, una vez vio que levanto su carabina. Anko lo vio y salió dejando atrás a la rubia al ver que su herida no era letal, a pesar de tanta sangre. Momoshiki debió quedar allí, más solo su máscara quedo abandonada en el piso.

―Vamos, a por él ―exclamo Anko―. ¿Escapo? ¿Por donde?

―¿Donde esta el jefe? ―pregunto su compañero.

El vagón se había vuelto chatarra, casi; después de tantos disparos. Adentro, Konan estaba asustada o es como lo vieron. Sentados en el piso, la peliazul guardaespaldas ignoraba sus propias heridas tratando de entender como fue que paso. Uzumaki Naruto había recibido siete disparos en su abdomen, en el brazo derecho y el pulmón. Pero así respiraba, más la sangre estaba llenando el piso.

―¡Naruto-sama!

―¡Llamen a un medico, rápido!

Ese día se declaro toque de queda en toda la ciudad. Y esta vez, no tuvo que esperar a ver las noticias para saber Hinata que ha pasado con su esposo, una llamada de la misma doctora Haruno le contaría el terrible suceso.


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